Ven y muéstrame todo tu ser,
es tu poder de convencer.
Espero hoy esa verdad,
que me haga recordar.
Libertad de pensar,
al tratar de humanizar.
Y querer componer
una odisea sin final.
miércoles, 7 de diciembre de 2011
miércoles, 23 de noviembre de 2011
Hazme
Hazme soñar con tu dulce mirar.
Hazme volar, dame alas para olvidar.
Hazme tu olvido para quedarme en tu recuerdo.
Hazme prohibido y sálvame de mi delirio.
Hazme silencio y cállame con un beso.
Hazme deidad y llórame en un rezo.
Hazme tu lobo para amarte la eternidad.
Hazme fuego para apagar tu frialdad.
Pero quédate...
Pero quédate conmigo.
Que sin ti no respiro.
Que sin ti soy olvido.
Hazme volar, dame alas para olvidar.
Hazme tu olvido para quedarme en tu recuerdo.
Hazme prohibido y sálvame de mi delirio.
Hazme silencio y cállame con un beso.
Hazme deidad y llórame en un rezo.
Hazme tu lobo para amarte la eternidad.
Hazme fuego para apagar tu frialdad.
Pero quédate...
Pero quédate conmigo.
Que sin ti no respiro.
Que sin ti soy olvido.
jueves, 17 de noviembre de 2011
Solo el corazón sana al tiempo.
Un instante se volvió una eternidad al esperarte y ver como tus pestañas se humedecían con la lluvia de tus ojos. Te di una sonrisa artificial para guardar una tristeza letal. No quisimos decir adiós, no quisimos revivir el dolor. Nos hundimos en un remolino de silencios que callamos con un último beso. Navegamos entre el mar de lagrimas de tu interior hasta llegar a la cascada del vacío emocional. Suspiramos el dolor e inhalamos el humo del cigarro de un amargo adiós. Ciao, olvidémonos, borrémonos. Nunca nos vimos, nunca nos amamos.
Solo el corazón sana al tiempo.
miércoles, 19 de octubre de 2011
Paz y amor.
Buscando el parámetro del karma estimulaba una verdad,
haciendo que los sentidos tendieran a imaginar.
En tu aura de malva la evidencia aprecio.
Materializamos sueños y la sinceridad falleció.
La niebla en tu memoria nubla la razón.
Como quema la mentira cuando se acerca al corazón.
Paz y amor...
haciendo que los sentidos tendieran a imaginar.
En tu aura de malva la evidencia aprecio.
Materializamos sueños y la sinceridad falleció.
La niebla en tu memoria nubla la razón.
Como quema la mentira cuando se acerca al corazón.
Paz y amor...
martes, 4 de octubre de 2011
Una mirada inocente
Ese día de octubre lo recuerdo bien, el día no había comenzado muy bien para mí, ya que mi despertador no había sonado a la hora que era de costumbre para llegar a tiempo al trabajo. Cuando me levante, vi el reloj y me di cuenta que ya era demasiado tarde, me levante lo más rápido que pude, no me dio tiempo de bañarme, pero si para tomarme lo más rápido posible una taza de café negro para alivianar mis sentidos, me puse mi traje y la misma camisa que había traído el día de anterior, salí corriendo, casi tropezándome con los escalones de la escalera del departamento, tomé un taxi y llegue a mi trabajo 1 hora tarde y resultaba que ese día teníamos una junta importante.
Ya dentro de esa reunión de jefes de la empresa yo tenía que dar una presentación acerca del nuevo producto que teníamos que hacer que la gente comprara. Así es yo era un publicista de una pequeña empresa que iba en aumento, bueno así nos lo hacían creer los del alto mando. Se suponía que yo era bueno en eso, pero en verdad lo detestaba. Odiaba la forma en que era bueno para hacer que la gente comprara cosas insignificantes y sin sentido, pero tenía que hacerlo para vivir.
Salimos de la junta y los jefes estaban asombrados con mi idea. Una idea bastante patética diría yo, que hasta ellos se la comieron. Hice algo de papeleo en mi pequeña oficina, cheque mi mail, y navegue un poco por las redes sociales que había. Dio la hora de mi salida y salí del edificio y llame un taxi, cuando se paro y abrí la puerta, me quede pensando y solamente dije – disculpe, mejor caminare, gracias. Y así fue, caminaría 15 manzanas completas para llegar a mi departamento.
Caminaba cuadra tras cuadra, tarareando la música que escuchaba en mi ipod. Esperaba a que cambiara de luz el semáforo para que los carros nos dejarán pasar hacía la otra acera, ese momento fue perfecto para sacar un cigarrillo de la cajetilla que llevaba en mi bolsillo y encenderlo. En el momento en que levante la cara para ver del otro lado de la calle, mi mirada se percato de la chica más linda que había visto en mi vida, era blanca, grandes ojos color miel, con pecas, cabello negro y largo, y tenía una mirada tan inocente que me hizo que mis ojos borran a las demás personas y solo enfocarse en ella.
Cuando cambio el semáforo y pudimos pasar los de las aceras, camine siempre mirándola sin perderla de vista, mientras ella tomaba fotos de la ciudad con su cámara algo vieja, ella se dio cuenta que la miraba y cuando paso cerca de mi me tomo una foto, sonrío y siguió su camino, por mi parte yo seguí el mío, pero siempre recordando esa mirada inocente y esa risa que me regalo para recordarla para siempre.
Llegue a mi departamento, tire mi bolso de hombre y mi saco en la silla al lado de la puerta de entrada, me afloje la corbata y me tire a mi cama solo viendo el techo, imaginaba la cara de esa chica, su risa, sus ojos color miel, su cabello, sus pecas. En ese momento me dieron ganas de hacer algo que hace años que no hacía y era algo donde era bueno, era dibujar, me levante corriendo a mi closet y en una caja con polvo detrás de todas las cosas saque mi libreta de hojas blancas donde solía dibujar, me senté en mi pequeño escritorio y empecé a dibujar con mi pluma del trabajo.
Pasé una hora dibujando y cuando termine y vi mi dibujo, era simplemente como lo tenía en mi cabeza, era esa pequeña memoria que había guardado, era esa chica que había visto hace horas atrás. Mi dibujo era como una pequeña fotografía de ella. Hice todo lo que tenía que hacer ese día, lavar mi ropa ya que era miércoles y como no había lavado la semana anterior ya no tenía ropa limpia que usar. Mientras veía como se lavaba mi ropa, seguía pensando en esa chica, ¿por qué una chica a la cual no conozco me hace pensar en ella como loco?, tal vez su propia naturaleza de ser ella misma me hizo hundirme en ella sin haberla conocido, o simplemente mi misma naturaleza auto-destructiva por enamorarme de lo imposible.
Termine de lavar mi ropa así que cuando llegue a mi casa mientras doblaba mi ropa y guardaba, decidí llamar para que me trajeran una pizza para cenar. Termine de cenar, tire las basura en su lugar, me lave los dientes y la cara y me dispuse a dormir. Cuando desperté al día siguiente ya con ese sonido repetitivo y estresante que era mi despertador, recordé un sueño que tuve, bueno solo eran la imagen de cuando conocí a esa chica, una y otra vez en mi cabeza. Esta vez con más tranquilidad tuve tiempo para bañarme, arreglarme, desayunar y lavarme los dientes y salir al trabajo que tanto odiaba.
Lo común, lo típico que hacía en mi trabajo, lo hice ese día, solo que ese día al salir del trabajo tenía un hambre terrible así que fui a un restaurant cerca de mi trabajo. Ordene un sándwich de pavo con papas fritas y un refresco, mientras comía y leía mi libreta pequeña en la cual escribía cosas que se me vinieran a la cabeza, decidí mirar hacía la ventana y mi sorpresa fue que ¡ahí estaba!, era ella, sus pecas, sus ojos color miel, su mirada inocente, su cabello largo y negro. Di un bocado grande al último pedazo de emparedado y un trago rápido a mi refresco, deje el dinero sobre la mesa y ni si quiera supe si era el suficiente. Salí apresurado del restaurant y alcance a verla a lo lejos, ella me vio, y me volvió a sonreír, apreté el paso pero la perdí entre la multitud que salía de la parada del metro.
Me lamente haberla perdido de vista, así que tomé un taxi directo a mi departamento y solo miraba por la ventana tratando de encontrarla caminando por la acera de casualidad, pero no fue así, le pague al taxista y subí al 5to piso del edificio donde vivía, ese era el piso donde se encontraba mi departamento. Como tenía trabajo extra me dispuse a hacerlo mientras comía unas pequeñas galletas con queso philadephia, cuando me di cuenta de la hora a la que había terminado mi trabajo, era hora ya de dormir y seguía lamentándome. Caí profundamente dormido pensando en la nueva imagen que tenía de ella en mi cabeza, y que parecía que ella ya tenía una pequeña caja donde quedarse dentro de mi memoria.
Otra vez desperté para ir a ese trabajo de mierda que me tenía estresado, pero por un momento no pensé en el trabajo que tenía que hacer o en el que tenía que traerme o simplemente en pensar nuevas ideas para innovar la venta de esos productos tan patéticos que no se vendían y que gracias a trucos publicitarios se vendían, pensaba en ella esa chica con sus pecas, ojos color miel, cabello negro y mirada inocente, me levante de mi cama, me bañe, desayune, cepille mis dientes y me puse mi mejor traje, un traje entallado con una camisa blanca y una corbata delgada de color azul, me sentía tan en paz que no me molestaba ir a la estúpida empresa sabiendo que pudiera encontrarme con esa chica .
Salí y a tomar un taxi, parecía que ese día ningún taxi quería pararse o iban con personas dentro, así que decidí caminar mientras encontraba un taxi que se parase o que no llevara gente. Camine como 5 cuadras y no encontraba taxi que me llevara. Cuando me resigne, fue cuando fui a la parada del camión a esperar a que pasara, en el momento en que llegó y estuve a punto de subirme en el, vi esa cara angelical, que caminaba por la acera de la siguiente cuadre con su cámara tomándole fotos a los edificios viejos, baje el escalón que había subido para entrar en el camión y fui caminando donde ella iba caminando con una sonrisa en su rostro.
Me acercaba a ella, tan cerca que podía oler su perfume, un perfume tan suave y dulce que dejaba por donde ella pasaba. Ella solo miraba de reojo hacía atrás, supongo que sentía que la seguían y cuando vio que era yo, simplemente sonrío y siguió caminando, cuando llegamos a un pequeño parque lleno de arbole grandes y de personas corriendo, patinando, sentados leyendo u otros solo de pasada. Ella volteó a verme, me tomo un fotografía, sonrío y siguió caminando por el parque, me quede atónito, cuando recobre el sentido ella se alejaba corriendo y riendo, corrí para alcanzarla y ella solo reía, cuando entramos más al parque, donde había más follaje de los arboles, ella simplemente se paro y fue cuando pude recobrar un poco de mi aliento apoyando mis manos en mis rodillas, mi corazón agitado por la corrida, el frío y ella.
Me acerque y le dije con voz entre cortada por la falta de aire que me faltaba. – ¿Quién eres?, ¿Por qué cada vez que te veo mi cuerpo se eriza? , ¿Por qué pienso en ti, sin haberte conocido? Ella solo hizo esa pequeña mueca de nerviosismo con una risa pícara pegada a ella y por fin hablo, con un tono de voz suave e inocente y dijo. –Me llamo Ana Paula, y me gustaría salir contigo esta noche. Al escuchar eso me quede sorprendido por la seguridad que tenía, y pregunte. - ¿Cómo accedes a salir con un tipo que aún no conoces, pudiendo ser un secuestrador o un asesino en serie? Ella soltó una pequeña risa y dijo. – No tienes cara de secuestrador o de asesino, y simplemente siento que debería salir contigo. Tomó mi bolso y saco mi pluma, remango mi saco y mi camisa y anoto una dirección en mi antebrazo y dijo suavemente y con una mirada sensual y a la vez inocente. – Veme ahí a las 8 de la noche. Y se dio la vuelta alejándose caminando de mi, y algo en mi hizo que no fuera con ella, que controlara, así que no fui tras ella.
Así que llegué al trabajo un poco tarde y me senté en mi oficina pensando en ella, otro recuerdo de ella que guardaba en su caja dentro de mi memoria. Hice mi trabajo lo más rápido que pude para salir antes, no hacía caso cuando me hablaban para platicarme de los nuevos chismes que había dentro de la empresa o esas ideas que ellos tenían para vender cierto producto, simplemente me senté en mi escritorio y me puse a trabajar, pero no dejaba de pensar en Ana, en sus ojos de miel, en sus pecas, ¡por dios! Sus ¡pecas!, eran mi constelación favorita.
Cuando llego la hora de salida, ignore a todos y huí de esa pequeña cárcel que me tenía encerrado por 8 horas diarias, pero salía feliz, o tal vez no feliz, simplemente emocionado, ansioso, sin saber que pasaría, ¡conocería a Ana esa noche!, me sentía tan seguro, es que sin conocerla sabía que era perfecta, y en el fondo de mi ser el miedo al amor me daba una cierta incertidumbre, una duda, ¿por qué ella estaba tan segura? ¿Qué trasmitía yo para que se sintiera segura? No estaba seguro de nada con ella, pero eso hacía que me interesara más y más.
Así que tomé un taxi y le di la dirección al chofer para que me llevara a donde Ana me había dicho que la viera, durante el viaje a ese lugar que no conocía, lejos del centro de la ciudad donde vivía, me la pasaba repasando las imágenes de su sonrisa que había guardado en mi cabeza, y el solo pensar que pronto la vería me hacía que me diera un pequeño dolor en el estomago, no un dolor feo, si no un dolor agradable. El taxista dijo. – Ya llegamos, hijo, son $49.50. Le di uno de $50 y me baje del carro, el solo ver el barrio donde acababa de llegar, me hacía dudar que fuera la dirección correcta.
Mire mi brazo para leer la dirección y si, era la dirección correcta, miraba al edificio que se suponía que era el correcto, pero no me animaba a tocar el timbre del departamento que estaba anotado en mi brazo, volteé para los lados de la acera y vi que venían unos chicos y chicas con bolsas de papel, donde parecía que traían botellas de alcohol, subieron los cuantos escalones para apretar un timbre, ellos lo oprimieron y por el pequeño altavoz escuche la voz de Ana que decía con una dulce voz, tal como la había conocido. -¿Quién?, ah sí, pasen. Y después que ella dijo eso, sonó un pequeño chillido de la puerta, ellos empujaron la puerta y entraron riendo y hablando fuerte.
Corrí para alcanzar que la puerta no se serrase y así poder entrar, subía las escaleras con lentitud como si no quisiera llegar, pero aún así seguía subiendo hasta el 4to piso, tengo que decir que el edificio era muy viejo y sucio, pero muy clásico. Cuando llegue al piso correcto vi como los chicos y chicas que habían entrado con anterioridad les abrían la puerta y los recibía Ana, ella misma, con su mirada y sonrisa hermosa, cuando dejó pasar a esos chicos bien vestidos con sus pantalones entallados, camisas de un color, sacos pegados y ellas con sus faldas pequeñas con medias negras y blusas cortadas del cuello para que vieran el color del tirante de tu brassier.
Alcanzo a mirarme antes de cerrar la puerta y sonrió al verme solo parado al lado de la escalera como si fuera una clase de idiota con miedo a entrar, e hizo una seña con su mano diciéndome que entrara con una gran sonrisa como si ella se alegrara que yo estuviera ahí, como si esperara mi llegada, algo que me lleno de un calor dentro de mi estomago, era lindo ese calor.
Al entrar a esa departamento, me di cuenta que el interior era muy diferente, a todo el edificio, estaba limpio, bueno un poco desordenado pero limpio al final, en las paredes se encontraban demasiadas fotografías pegadas, un montón de figuras de unicornios o caballos, además de eso me di cuenta que los que estaban en esa fiesta, todos eran pareja o estaban emparejados, pasamos por en medio de todos los que se estaban besando o platicando y bebiendo.
Llegamos a lo que parecía su habitación y sin decir nada empezó a besarme y a quitarme la ropa, yo solo me hice un paso hacia atrás y dije. – ¿qué pasa? Ella solo dijo. - Aún no te quiero conocer, quiero tener sexo contigo sin saber tu nombre. Y se desprendió de su vestido delgado que llevaba puesto, así pudiendo ver su cuerpo desnudo, en un segundo yo estaba arrancándome de mis prendas lo más rápido posible y ella reía por lo torpe que me quitaba mi ropa y tropezaba con mis pantalón a medio quitar.
Ya cuando los dos estábamos completamente desnudos y bajo las sabanas todo el tiempo se detuvo, hicimos de un momento algo eterno, nos besábamos con tanta pasión como si fuéramos amantes de hace mucho tiempo, nuestro cuerpos desnudos juntos eran una llama de amor que incendiaba la cama, dos cuerpos tratando de fundirse con el calor que emanábamos. Estimulaba cada una de las terminaciones nerviosas de sus piernas y cuello, sentía las contracciones de su cuerpo al tocarla con mis dedos, escuchaba su fuerte respirar y el aumento de los latidos de su corazón, ella abrazaba mi cuerpo y humedecía mis labios con los suyos. Era un desborde de pasión que el mismo infierno no soportaría tanto calor de la cama donde lo hacíamos. Aumentábamos la velocidad del vaivén para poder cruzar esa montaña transparente del orgasmo, y al último las melodías de nuestros gemidos unidos como una canción galáctica.
Terminamos tan exhaustos, mirando al techo, buscando el aire que nos habíamos regalado en el desborde carnal que habíamos sido parte. Ella recostó su cabeza en mi pecho y su mano en mi abdomen acariciaba mi ombligo, y en un suspiro me dijo. – Esto terminara mal, ¿lo sabes?, soy muy complicada, de algún modo sé que lo arruinare y te hare daño, así que si estás dispuesto a irte, lo comprenderé. Lo dijo tan sinceramente y tan inocente que yo solo dije. – Aún cuando me lo advertiste, tomaré el riesgo, y no importa que tan complicada seas, puedes complicarme la vida. Y así fue lo último que nos dijimos esa noche y caímos realmente cansados, dormidos, ella en mi pecho y yo abrazándola.
Me desperté a la mañana siguiente por el sonido de botellas de vidrio chocando entre sí y el ruido de muebles siendo arrastrados, y cuando abrí primero un ojo para que se acostumbrara a la luz, vi a Ana limpiando su departamento, ya que lo habían dejado todo sucio, ella levantaba las botellas vacías y vasos rojos aplastados o tirados, se veía tan linda recogiendo, llevaba mi camisa azul que me había puesto para el trabajo el día anterior y unos bóxer muy cortos y pegados que hacían que suspirara.
Ella volteo y sonrío y dijo. – Al fin te levantas dormilón, apenas acabe de recoger y te preparo de desayunar, así que ¿Por qué no me ayudas a limpiar para comer más rápido? Ándale guapo. Me levante, me enrede la sabana para recoger mi ropa que estaba regada por el cuarto, me puse mis bóxer y mis pantalones y empecé a limpiar. Cuando acabamos de limpiar y acomodar todo ella dijo con una voz dulce y juvenil. – Vamos, hagamos de desayunar. Yo solo mostré una mueca de risa y dije que si.
Ana hacía unos huevos revueltos y freía tocino, mientras yo solo estaba sentado en la barra observándola, valla que se veía sexy y muy linda a la vez, cantaba y tarareaba “Sugar, sugar” de los Archies y meneaba la cintura de una manera divertida y sensual. Ya mientras comíamos ella mirándome pregunto con un poco de comida en su boca, aún masticando. - ¿Cómo te llamas? Yo la mire y levante una ceja y sonriendo dije. – Me llamo Armando. E hice un alemán con la mano como s fuera árabe, solo era bromeando ya que no era árabe o seguía una religión, solo creía en un dios pero no pertenecía a ninguna religión.
Ya terminando de desayunar, los dos limpiamos la cocina y lavábamos los trastes sucios, ella los lavaba y yo los secaba y ponía en su lugar. Yo sentía un calor interno muy agradable, no eran nervios, era felicidad, simple felicidad que ocultaba la mierda de vida que había llevado hasta antes de conocer a Ana. Era raro todo esto lo que sentía con ella, aún no la conocía y podía confiar en ella a ciegas.
Ana salió de la habitación dirigiéndose a su recamara y sacando una maleta y empezando a guardar sus cosas, siempre con una mirada inocente pero esta vez tenía una mueca de decepción, como si no quisiera hacer lo que tenía que hacer. Pregunte repentinamente y con desconcierto – ¿A dónde vas? ¿Por qué empacas? Ella solo rio un poco y dijo con voz melancólica – Tengo que irme, solo estaría aquí 2 semanas y mi camión sale en 3 horas y aún no empaco nada, lo siento, de verdad lo siento, pero la pasamos bien y todo pero no puedo quedarme más aquí, soy una nómada, y necesito cambiar a diario de rutina, es algo que me alivia, algo que me hace sentir viva.
La idea que ella se marcharía era como un rayo atravesándome el pecho, simplemente doloroso y rápido. Decidí ayudarle a empacar, era un silencio incomodo, solo articulábamos palabras como, pásame el periódico para envolver estos platos, dame esa caja, la cinta ¿dónde está? Al final de empacar ella y yo salimos del edificio y ya un taxi la estaba esperando, la ayude a subir sus maletas y cajas. Ana subió al taxi pero se devolvió solo para darme un gran beso, fue como si todo lo que sentíamos y las palabras que no pudimos decir salieran entre la saliva y la lengua de aquel beso eterno.
Subió al taxi y se fue de mi vida tal como entro en ella, repentinamente. Miraba a por la ventana trasera del taxi, solo veía su dulce mirada inocente, sus grandes ojos miel y su pelo largo y negro, sabía que esa imagen se quedaría guardada en mi cabeza. Me aleje caminando en el frio en sentido contrario al que el taxi había tomado, el aire me congelaba la cara y mientras fumaba uno de mis cigarrillos iba simplemente pensando si la volvería a ver, si volvería a sentir ese calor interno, esa felicidad, esa alegría que ella me había dado, pero era feliz al haberla conocido.
Y así fue como encontré algo cercano al amor que solo duro un día, pero aún así no cambiaría ese día por ningún otro, me quede con el recuerdo de olor, sus ojos, su cabello y me reconforta haberla tenido un día, un miserable día, pero el más feliz de vida.
Hugo Elías Chávez Treviño
domingo, 18 de septiembre de 2011
Universo.
Llevo tu perversión tatuada en la piel del recuerdo,
Y hablo con tus pensamientos, tu curvatura espacial
Te quiero acariciar, solo queda resignación,
Y no me quites la emoción, que te quiero estimular.
Estuve perdido en tu mirada, fascinante universo.
Estuviste a punto de perder la calma, alucinando por un beso.
Estuve perdido en tu mirada, fascinante universo.
Estuviste a punto de perder la calma, alucinando por un beso.
Llevo tu perversión tatuada en la piel del recuerdo,
Y hablo con tus pensamientos, tu curvatura espacial
Te quiero acariciar, solo queda resignación,
Y no me quites la emoción, que te quiero estimular.
Estuviste perdida en mi mirada, fascinante universo.
Estuve a punto de perder la calma, alucinando por un beso.
Estuviste perdida en mi mirada, fascinante universo.
Estuve a punto de perder la calma, alucinando por un beso.
viernes, 16 de septiembre de 2011
Ellos son más fuertes que tú.
Estuve a solas con mis sentimientos en un cuarto oscuro, me hablaban de lo mortal, de la nada, de escritos de Sócrates y Platón. Me di cuenta que no estábamos solos, había alguien más, alguien nos observaba desde las penumbras, sentía su mirada penetrante y desgarradora sin saber donde estaba, oía su risa casi impronunciable, pero no lograba averiguar dónde estaba situado, donde estaba sentado o de donde me observaba, pero en un momento salió una luz cegadora que entraba por una pequeña ventana rectangular de madera tan sencilla que se veía linda, esa luz me cegó por un momento y alcanzo a iluminar la recamara donde estábamos mis sentimientos y yo.
La luz se hizo tenue pero alcanzaba a iluminar la toda la alcoba, en ese momento vi que no había nadie en la sala solo un espejo que tenía mi reflejo, un reflejo extraño, era yo sin ser yo, era mi cuerpo siendo utilizado por otra persona, un alma que había tomado mi cuerpo de otra dimensión o algo por el estilo, es como si fuera un ser oscuro utilizando mi cuerpo sin ser mi cuerpo, su rostro era demasiado pálido, como si fuera de mármol, que si la luz tocaba su cara soltaba un brillo cegador, era un rostro casi vampiresco y tenebroso, una oscura mirada en sus ojos cafés, el solo reía y murmuraba - ¿De verdad?, ¿De verdad?, ¿De verdad Hugo? con un tono burlón y sarcástico,-De verdad crees que puedes escapar o huir de tus sentimientos, arrancarlos y meterlos en una caja oscura, Ja-ja-ja, eres patético, y débil. Se reía de mi, una risa burlona y sarcástica y con un toque de agresividad.-No puedes con ellos Hugo, ellos son más fuertes que tú, pueden desgarrarte el alma, pueden dejarte en el suelo aclamando por tú vida, sollozando y lloriqueando por una paz que no te la darán.
Estaba perplejo de él, no sabía si era verdad lo que veía, pero estaba más sorprendido por lo que me decía, si ellos son más fuertes que yo, no puedo con ellos, me descuartizarían el alma, así que me arme de valor para hablar, casi tartamudeando dije, -¿Quién eres tú?, ¿Qué eres?, ¿Por qué me dices estas cosas?, el solo sonrió, una sonrisa perturbadora, se volteo y camino en la recamara del espejo y se sentó en el sillón donde yo estaba escuchando a mis sentimientos, y dijo tal pasivamente, - ¿Quién soy? soy tú, pero sin sentimientos. ¿Que soy? Soy una creación de tu mente perturbada. ¿Por qué te digo esto? No se dímelo tú, tú me trajiste aquí. No supe que decir, mis sentimientos me miraban y hablaban entre ellos, no les entendía, trataba de comprender algo que nadie comprendería, así que sin pensarlo más le dije a mi reflejo,-Adiós.
El grito un NO tan lleno de culpa tratando de evitar lo inevitable, corriendo y pegándose al espejo, corrí hacía ellos, mis sentimientos, ellos parecían que esperaban que hiciera eso solo se prepararon sacando los colmillos y garras, me deje caer y ellos llegaron y comenzaron mi final. Y así fue cuando me convertí en un simple humano, un mortal, con sentimientos que son como pequeñas dagas clavándose en mi cuerpo y martirizándome toda mi vida.
miércoles, 14 de septiembre de 2011
La llorona
Les contare de cómo llegué a ser un no vivo, pero tampoco un no muerto, un ser sin esencia de vida, un ser atemorizador y terrorífico, para algunos no real, una falacia, un cuento o hasta un mito para otros. Está bien antes de contarte mi historia debes saber que tiene un final fatal para alguien, ok, basta del preludio, comenzare con el inicio de mi final.
Era una tarde calurosa de sábado en mi ciudad natal Monterrey, y por calurosa me refiero a infernal, por arriba de los 39°C, me sudaban hasta las ideas, en ese entonces era joven, es decir 19 años de edad, aun tenía una vida por delante, mis estudios, mis amigos, mi familia, es lo que más extraño hoy, me desvié lo siento, continuo, ya había acabado mis deberes para antes de las 3 de la tarde y tenía que estar en la casa de mis abuelos para las 4 de la misma tarde, me dio tiempo suficiente para bañarme, arreglarme y salir de mi casa directo para con mis abuelos y llegar a tiempo.
Era una reunión familiar como las anteriores que habíamos tenido, asando carne, no falto la cerveza, esa mezcla de cebada y otras especies que la hacen tan deliciosa y sublime en este tipos de reuniones, no era demasiada pero tampoco era escaza, lo suficiente para pasar un buen rato en familia, era una reunión común y corriente, como muchas que habíamos tenido antes, no falto la ronda de chistes, las anécdotas de uno de bebé.
Cayo el sol y por coincidente la luna se postro en el cielo, ya había bajado el ánimo en la reunión para las 2 de la madrugada y muchos se fueron a dormir, por no decir todos, solo nos quedamos mi hermano y yo sentados en unas mecedoras afuera de la casa, admirábamos la preciosa noche caía sobre nosotros, después de una hora sentados a mi hermano le entro el sueño y decidió dejarme solo, un error que el mismo tomo como suyo y lo cargo durante toda su vida. Cabe mencionar que aunque mi hermano y yo pareciésemos que no nos llevábamos bien, nos amábamos y admirábamos.
Lo que paso después de su partida fue tan repentino, cosa que nadie se pudo haber imaginado en esta época, te lo pasaría si estuviéramos en los años de mi abuelo, pero no ahora, con tanto por qué preocuparnos olvidamos eso que yo no olvidaré desde ese día.
Me encontraba sentado en la mecedora de mi abuelo, muy especial y cómoda, cuando un frio espeluznante llego de repente, me heló hasta los huesos, mi aliento era gélido y mi piel se me había erizado como nunca antes, y sentí miedo, pero no un miedo común, un miedo profundo y latente, como si supiera que mi vida se terminaría en ese instante.
Una neblina densa apareció repentinamente y cubrió toda la calle, los pájaros de los arboles huyeron volando despavoridos, se escuchaban los aullidos con miedo de los perros callejeros y con dueño. Un quejido o lamento empezaba a sonar a lo lejos con gran eco y resonancia, me quede petrificado del miedo, no podía mover un musculo de mi cuerpo, ni gritar podía, mi garganta estaba cerrada, no salían las palabras, se me dificulto la respiración, y comencé a hiperventilar.
Una silueta de una mujer se alcanzaba a mirar a lo lejos de la calle cubierta de neblina, se alcanzaba a ver que usaba un vestido blanco muy deshecho, con cada parpadeo de mis ojos, más rápido de acercaba a mí, parecía que estaba inmóvil pero al momento de cerrar mis ojos y volverlos a abrir, ella adelantaba camino, mucho camino, su voz sonaba con gran eco y cuando menos pensé ella estaba en frente mío, mirándome fijamente y detenidamente.
Vi como se me acercaba más y noté que no caminaba, ¡flotaba!, cuando llego a estar a centímetros de mi, dijo con voz seca .- Hola, me llamo Mercedes, ¿me dejarías contarte mi historia? Casi tartamudeando y entre cortado alcance a pronunciar un “si”, ella contesto.-No debes de temerme, déjame decirte como me convertí en lo que soy, un alma en pena, que vaga por el mundo mortal sin ser un mortal, pero debes saber que esta historia tiene un final fatal para alguien.
Todo comenzó por 1519, en ese año conocí a un hermoso caballero español, que no mencionare su nombre por dolor y desprecio, me enamoré de él y como yo era joven y bella en ese entonces, ese español me conquisto y yo caí fácilmente, nuestro amorío debía ser secreto, mis padres indios no querían que me acercara a los españoles porque ellos nos veían como simples esclavos, y si a él lo veían con una “esclava” sería visto mal.
Nuestro amor permaneció oculto por 3 años, durante ese tiempo concebí a 3 hermosos hijos. Para inicios de 1522 él se marcho, diciéndome que todo esto había sido un error garrafal, el cual olvidaría. No supe nada de él durante dos meses, hasta que me llego la noticia que se había casado con una linda española poco después de dejarme. Cuando supe de la noticia quede devastada, todo me recordaba a él, tiré los vestidos que me había regalado y los quemé juntos con su obsequios que me traía de su tierra.
Pero había algo que me recordaba aún más a él, tenía sus ojos, su cabello, sus labios. Mis hijos. Así que de un ataque de furia tomé a mis hijos y los lleve los más lejos que pude de la ciudad donde nadie había llegado antes, solo yo conocía ahí ese lugar porque fue donde el español y yo consumimos nuestro amor, en demasiadas ocasiones. Una cascada de gran profundidad.
Mis hijos me preguntaban con angustia.- ¿A dónde nos llevas, mamí?, - Donde no hay dolor amados míos. Así que uno por uno los ahogué en el rio, presenciaron la muerte de sus hermanos.
Cuando termine de arrancarles la vida, sentí un gran dolor en el pecho, una angustia, una gran culpa, así que corrí lo más rápido que pude de regreso a mi casa, mi rostro estaba lleno de mis lagrimas que no dejaban de cesar, tropezaba con las piedras y me levantaba los más rápido posible.
Cuando llegue a mi casa lo primero que vi, fue el cuchillo con el cual cortaría las verduras para la cena de ese día que cocinaría para mis hijos, pero ahora ya no estaban, los había matado, así que con la gran culpa que sentía tomé el cuchillo y me corte las muñecas sin pensarlo dos veces y así fue como me quite la vida. Y así es como vago por el mundo esperando que alguien escuché y se compadezca de mi dolor.
Después de escuchar esa historia solo me quede observándola, aún con miedo de ella y cuando me iba a pronunciar algo ella me interrumpió diciendo.- Gracias por escucharme y como dije al final de la historia tiene un final fatal para alguien, lo siento, ese alguien eres tú.
Sentí como si me clavaran unos enormes clavos en mis manos y pies y no podía moverme y solo la veía como se transformaba en una horrenda bestia, los colmillos le crecieron y sus uñas se transformaron en garras afiladas, sedienta de sangre, sedienta del alma de una persona que se compadeció a escuchar esa historia, me tomo del brazo atravesándome sus enormes garras, y clavándome sus dientes en mi pecho fue como morí, desangrado y sin mi esencia de vida, sin nada, ella mató mi cuerpo y me arrebato lo que me hacía vivir, y ahora solo soy un alma en pena esperando que alguien escuche mi historia y se compadezca de mi.
Te dije que tenía un final fatal para alguien verdad, lo siento mucho, necesito sentirme vivo otra vez.
Deslizate.
Deslízate por el humo que te veo mejor hundiéndote con proyección de ti mismo,
solo resalta algo de tu ser para saber si sigues ahí, pero no me dejes,
que es el aroma de tu piel el que nos guía.
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